Proyectos
No es una lista cerrada: lo más interesante suele ser lo que todavía no está aquí.
Dos alas de tres metros de envergadura, montadas pluma a pluma. Pesan menos de lo que parece: se llevan puestas toda una noche.
Letras gigantes de tubo, dibujadas en el aire. Se transportan desmontadas en una furgoneta y se levantan en dos horas. Cuando el evento termina, desaparecen.
Una boca de riego de calle, roja y con su tapa, hecha para pesar lo mínimo. Parece de hierro fundido y se levanta con una mano.
Una caseta de azotea con su puerta y su tejadillo, exenta y de quita y pon. Se construyó para un videoclip: se ve por los dos lados y se mueve entera.
Un radiocasete de los de asa y dos altavoces, agrandado hasta que una persona se sube encima. De lejos, un objeto cotidiano; de cerca, enorme.
Las botas del paso imposible: un par corriente, trucado para inclinarse hacia delante sin caerse. El secreto está en el talón y en el suelo.
Una escenografía de escenario entera, pensada para que la luz haga la mitad del trabajo. Paneles modulares que se encienden por dentro y dibujan geometría.
Un trono dorado y un abanico de plumas gigante para una escena de Cleopatra. Imponen bajo los focos y, a la vez, se cargan a mano.